Vivir siempre “temporal”
Vivir siempre
"temporal"
── A L E G U I L L E R M O ──
Hubo un momento de mi vida en el que me di cuenta de algo: todo era temporal. El trabajo. Los pisos. Las ciudades. Las personas. Nada parecía quedarse demasiado tiempo.
Al principio no me molestaba, incluso me gustaba. Siempre he sido una persona inquieta, con ganas de movimiento, de cambio, de experiencias nuevas. Vivir así tenía algo de aventura, de emoción constante y nada se estancaba ni se volvía aburrido.
Pero con el tiempo, empecé a notar el peso de vivir siempre en modo provisional.
Me he mudado muchas veces. He saltado de piso en piso, de ciudad en ciudad, de etapa en etapa. Nunca terminaba de sentir que un lugar era del todo "mío". Siempre había una caja sin deshacer. Siempre había algo que no valía la pena comprar porque "total, pronto me iré".








Cuatro ciudades.
Cuatro etapas.Una historia.
── M I S H O G A R E S ──
Pontevedra
Vigo
Monforte de Lemos
Valencia
G A L I C I A
G A L I C I A
G A L I C I A
C O M U N I T A T V A L E N C I A N A
Donde todo empezó y nada era todavía mío.
El lugar más pequeño. El que enseñó a vivir con lo esencial.
La ciudad que más quiero de Galicia. La que más dolió dejar.
Luz mediterránea. La ciudad donde dejé de vivir "de paso".
01
02
03
04
Me cansé de que todo tuviera fecha de caducidad. Me cansé de no saber dónde estaría en seis meses. Me cansé de no sentirme arraigada a nada.
"Ahí entendí algo importante: el movimiento es maravilloso, pero también lo es la estabilidad. No se trata de elegir uno u otro para siempre, se trata de escuchar en qué etapa estás."
Yo necesitaba, por primera vez, quedarme. Construir. Apostar. Echar raíces, aunque diera miedo. Dejar de vivir todo como algo pasajero y empezar a crear algo más duradero.
Y no fue fácil porque cuando te acostumbras a lo temporal, la estabilidad también asusta. Comprometerte con un lugar, con un trabajo, con una persona, con una vida más estable implica soltar la huida constante.
Hoy miro atrás y entiendo que esa etapa de vivir siempre "temporal" me enseñó mucho. Me hizo flexible, resiliente, adaptable, pero también me mostró mis límites. Me enseñó que incluso las personas más aventureras necesitamos, en algún momento, sentir que estamos en casa.
Y también entendí algo más.
Que la vida no empieza una sola vez. Empieza muchas veces.
Empieza cada vez que llegas a un lugar nuevo y no sabes por dónde empezar, cada vez que tienes que construir una rutina desde cero, cada vez que vuelves a presentarte, a conocer gente, a adaptarte, a enseñarle a tu mente que ahora estás en otro lugar, en otra etapa, en otra versión de ti.
Y sí, muchas veces es incómodo. A veces duele y cansa tener que empezar otra vez.
Pero también es profundamente transformador.
Porque en cada comienzo hay aprendizaje, crecimiento y una oportunidad de reconstruirte de una forma más consciente.
Entender que la vida es movimiento constante, que nada es completamente fijo, ni siquiera cuando creemos haber encontrado estabilidad, también trae calma. Porque deja de existir esa presión de que todo tenga que ser definitivo.
Quizá no se trata de encontrar un lugar donde todo se quede para siempre.
Quizá se trata de aprender a habitar cada etapa, sabiendo que, de una forma u otra, la vida siempre vuelve a empezar.


