Amigas que te salvan

A veces no te salva un príncipe azul.
Te salvan las amigas.

Si miro hacia atrás y pienso en todo lo que he vivido; los cambios, las crisis, las mudanzas, las decisiones difíciles y también los momentos buenos, hay algo que tengo clarísimo, mis amigas han sido una de las partes más importantes de todo este camino.

De verdad lo creo.

Con el tiempo he aprendido que saber elegir a las personas que te rodean es fundamental. Elegir bien tu red de apoyo puede marcar la diferencia entre atravesar una etapa dura… o sentir que te ahogas en ella. No se trata de cantidad, sino de calidad. De valores compartidos. De personas que estén, más o menos, en el mismo camino vital que tú.

Si miro hacia atrás y pienso en todo lo que he vivido; los cambios, las crisis, las mudanzas, las decisiones difíciles y también los momentos buenos, hay algo que tengo clarísimo, mis amigas han sido una de las partes más importantes de todo este camino.

De verdad lo creo.

Con el tiempo he aprendido que saber elegir a las personas que te rodean es fundamental. Elegir bien tu red de apoyo puede marcar la diferencia entre atravesar una etapa dura… o sentir que te ahogas en ella. No se trata de cantidad, sino de calidad. De valores compartidos. De personas que estén, más o menos, en el mismo camino vital que tú.

Para mí, una amistad se construye desde el apoyo, la presencia y el respeto. Desde la capacidad de escuchar, de acompañar, de sostener sin juzgar. Yo me considero una buena amiga, siempre intento estar, aunque sea desde lejos. Leer un mensaje con atención. Escuchar una nota de voz con calma. Abrir espacio cuando alguien lo necesita. Porque sé lo importante que es sentir que no estás sola.

Y si hay algo que puedo defender con el corazón en la mano es que mis amigas me han salvado muchas veces.

Especialmente en los momentos más oscuros.

Recuerdo una etapa muy concreta de mi vida, tras una ruptura amorosa que me dejó completamente descolocada. Fue uno de esos momentos en los que no estás viviendo, solo estás intentando sobrevivir. No tenía casa, no tenía trabajo, no tenía papeles, no tenía certezas. No tenía nada.

Y ahí estaban ellas.

Mis amigas fueron refugio. Fueron hombro. Fueron palabras que me sostuvieron cuando yo no podía conmigo misma. Me ofrecieron su casa, su tiempo, su escucha, su compañía. Me cuidaron sin preguntas. Me acompañaron sin exigencias. Me recordaron quién era cuando yo ya no lo veía.

Eso no se olvida.

Pero no solo hemos compartido momentos difíciles. También hemos vivido juntas viajes, risas, celebraciones, logros, éxitos y etapas preciosas. Hemos crecido juntas. Nos hemos visto evolucionar. Nos hemos acompañado en distintas versiones de nosotras mismas.

Algunas están lejos ahora. Otras no forman parte del día a día como antes. Pero eso no resta importancia. Hay vínculos que no dependen de la frecuencia, sino de la profundidad.

Ellas son la familia que he elegido en este camino.
La prueba de que no todo se sostiene desde una relación de pareja.
De que el amor también vive y muy fuerte en la amistad.

Por eso, si algo he aprendido, es esto:

Rodéate bien. Elige con conciencia. Cuida a tu gente. Porque cuando todo se tambalea, cuando la vida se pone cuesta arriba, muchas veces no llega nadie a rescatarte…

Pero tus amigas sí.

Fotografío lo que se siente antes de que desaparezca. Viajo para comprender. Escribo porque algunas cosas no caben en una foto.

Ale Guillermo