Todo lo que fui entre Vigo y Valencia
Descripción de la publicación
5/28/20267 min read
Todo lo que fui entre Vigo y Valencia
── A L E G U I L L E R M O ──
Hay ciudades que simplemente habitas. Y hay otras que terminan convirtiéndose en una versión de ti. Para mí esas ciudades tienen nombre: Vigo y Valencia.
Llegué a Vigo a finales de 2020 para estudiar un máster. Tenía 21 años y aunque en ese momento no lo entendía del todo, estaba a punto de cambiar mi vida por completo. Era la primera vez que vivía sola. La primera vez lejos de mi familia, de mi casa, de todo lo conocido.
Porque emigrar no es solo cambiar de país, también es cambiar de rutina, de idioma emocional, de costumbres, de identidad. Es aprender a vivir con nostalgia mientras intentas adaptarte a una vida nueva. Y Galicia fue exactamente eso para mí: el comienzo de todo.
─ Galicia: donde me hice adulta
Cuando pienso en Galicia, no pienso primero en los lugares.
Pienso en la sensación.
En las tardes grises frente al mar. En el olor a lluvia. En los paseos por Samil cuando el viento parecía querer llevarse todo. En las conversaciones largas en cafeterías pequeñas. En las comidas que siempre se alargaban más de lo previsto.
Pienso en una etapa de mi vida en la que estaba aprendiendo absolutamente todo. A vivir sola. A trabajar. A adaptarme. A convivir con la incertidumbre. A construir una vida lejos de mi familia y de todo lo que conocía.
Pero también pienso en las personas. En las amigas que llegaron para quedarse. En las risas compartidas. En los momentos que, sin saberlo entonces, terminarían convirtiéndose en algunos de mis recuerdos favoritos.
No fue una etapa fácil. Fue una etapa profundamente transformadora y retadora.
Sobre todo Vigo. Porque Vigo no fue solamente la ciudad donde viví. Fue la ciudad donde me hice adulta.
Galicia me recibió siendo una chica que apenas comenzaba a descubrir el mundo. Y me despidió siendo una mujer que ya sabía que crecer casi nunca ocurre de la forma que imaginamos.
Vigo, la ría y el Atlántico
─ GALICIA · 2020–2024






─ La morriña
Y quizás por eso terminé entendiendo tan bien una palabra que antes no conocía: morriña.
La morriña no es solamente echar de menos. Es una nostalgia profunda. Una sensación difícil de explicar. Como si una parte de ti siguiera viviendo en un lugar aunque tú ya no estés allí.
Durante mucho tiempo pensé que la morriña aparecía cuando te ibas. Pero con los años entendí que también puede aparecer antes.
A veces empieza cuando sabes que una etapa está llegando a su fin.
─ El momento de irme
Hubo un momento en que sentí que Vigo ya me había dado todo lo que podía darme. Había crecido, había aprendido, había tropezado y me había vuelto a levantar muchas veces allí, pero también sentía que algo dentro de mí empezaba a pedir un cambio.
Laboralmente ya no encontraba mi sitio. Necesitaba nuevos retos. Necesitaba descubrir qué había más allá de la vida que había construido en Galicia.
Y aunque me dolía irme (porque me dolía muchísimo), también sabía que era lo correcto.
Porque hay despedidas que no ocurren porque dejes de querer un lugar.
Ocurren precisamente porque lo has querido tanto que sabes que ya cumplió su misión en tu vida.
Hay ciudades que llegan para enseñarte a crecer.
Y otras que llegan para enseñarte a quedarte.
Y yo sentía que había llegado el momento de encontrar esa segunda ciudad.
─ Valencia: donde aprendí a quedarme
Llegué a Valencia el 7 de septiembre de 2024.
Pero la verdad es que mi historia con esta ciudad había comenzado mucho antes.
La primera vez que vine fue en 2021 y recuerdo que sentí algo difícil de explicar. Como si la ciudad me estuviera esperando. Como si hubiera algo aquí que todavía no conocía, pero que de alguna manera ya me pertenecía.
Hay lugares que te gustan y luego están esos lugares que te hacen sentir en casa incluso antes de vivir en ellos.
Valencia siempre fue uno de esos lugares para mí.
Después de años mirando al Atlántico, me encontré frente al Mediterráneo.
Y todo era diferente.
Los faros, la niebla y el océano salvaje dieron paso a la luz, a los naranjos, a las terrazas llenas de vida y a esas tardes interminables caminando por el Turia mientras el sol parecía resistirse a desaparecer.
Si Galicia tiene la fuerza indomable del Atlántico, Valencia tiene la calidez serena del Mediterráneo.
Y aunque ambas me regalaron paz, cada una me la enseñó de una forma distinta.
Galicia me enseñó la calma desde la lluvia. Desde los paisajes verdes. Desde el silencio. Desde la introspección.
Valencia me la enseñó desde la luz. Desde los paseos sin rumbo. Desde las conversaciones al aire libre. Desde esa manera tan mediterránea de disfrutar el presente.
Y fue aquí donde descubrí otra palabra que me enamoró: la terreta.
Esa forma tan valenciana de hablar de la tierra propia con cariño, con orgullo y con un sentimiento de pertenencia difícil de explicar y me encanta pensar que, de alguna manera, esa palabra conversa con otra que aprendí años atrás.
Morriña y terreta.
Una habla de la nostalgia por lo que dejas atrás y la otra habla del cariño por el lugar donde decides quedarte.
Y quizá por eso siento que ambas forman parte de mi historia. Porque si la morriña representa todo lo que Galicia dejó en mí, la terreta representa todo lo que Valencia está empezando a convertirse para mí: un hogar.
Aquí encontré algo que llevaba años buscando sin darme cuenta.
Una rutina. Más estabilidad. Un trabajo con el que construir una vida. Una relación bonita. La sensación de dejar de vivir con las maletas medio hechas y por primera vez en mucho tiempo dejé de sentirme de paso.
Y creo que eso era exactamente lo que necesitaba.
Porque después de tantos años aprendiendo a adaptarme, Valencia me enseñó algo completamente distinto:
a echar raíces.
"Hay ciudades que llegan para enseñarte a crecer. Y otras que llegan para enseñarte a quedarte."
El Turia, la luz y el mediterráneo
─ VALENCIA · 2024–HOY



morriña
terreta
Una nostalgia profunda. Como si una versión de ti siguiera viviendo allí, caminando por las mismas calles, sentándose en las mismas cafeterías y contemplando los mismos paisajes. No es solo echar de menos. Es sentir que una parte de tu historia sigue ocurriendo en ese lugar.
Esa manera tan valenciana y tan bonita de hablar de su tierra con cariño. No es solo un lugar; es un sentimiento de pertenencia. Como si, después de mucho buscar, hubieras encontrado un lugar donde dejar de estar de paso. No es solo vivir en una ciudad. Es sentir que poco a poco esa ciudad también empieza a vivir dentro de ti.
GALICIA · LA PALABRA QUE ME LLEVÉ
VALENCIA · LA PALABRA QUE ENCONTRÉ
QUIERO TATUARME ESTA PALABRA
TENGO TATUADA ESTA PALABRA
Palabras que me dejaron estas ciudades
─ PARA LLEVARTE ALGO ─
Porque cada lugar tiene su propia forma de nombrar el mundo.
Vigo
PALABRAS Y EXPRESIONES GALLEGAS
Valencia
PALABRAS Y EXPRESIONES VALENCIANAS
🌧️
☀️
morriña
SUSTANTIVO
Nostalgia profunda por un lugar o persona. No es solo echar de menos, es una tristeza suave que te acompaña aunque estés bien.
riquiño/a
ADJETIVO CARIÑOSO
Forma cariñosa de decir "pequeñito/a". Se usa para todo lo que te parece bonito o tierno. "Que riquiño" es el mayor piropo gallego.
furancho
SUSTANTIVO
Taberna casera y familiar, normalmente en una casa particular, donde se sirve vino de la cosecha propia con comida sencilla. Los mejores no tienen cartel: son secretos a voces.
malo será
SUSTANTIVO
parvo
ADJETIVO · CARIÑOSO O NO
Significa "tonto", pero en Galicia se usa muchísimo más que en otros sitios y muchas veces de forma completamente cariñosa entre amigos. "Non sexas parvo" puede ser un regaño o un abrazo, dependiendo del tono.
manda carallo
EXPRESIÓN
Sirve para mostrar sorpresa, incredulidad o asombro ante algo. No siempre es ofensiva, muchas veces se usa simplemente para enfatizar una situación absurda o inesperada. "Manda carallo lo que acaba de pasar."
enxebre
ADJETIVO · ORGULLO CULTURAL
Una de las palabras más bonitas del gallego. Describe algo auténticamente gallego, genuino, con identidad propia. No significa simplemente antiguo, tiene un matiz de orgullo cultural. Una taberna tradicional, una fiesta de pueblo, una pandereteira cantando. Todo eso puede ser enxebre.
la terreta
SUSTANTIVO CARIÑOSO
Forma cariñosa de llamar a Valencia o a la tierra valenciana. Lo usan con un orgullo y un cariño que se nota en cómo lo dicen.
esmorzaret
SUSTANTIVO · INSTITUCIÓN
Mucho más que un desayuno. Es el ritual valenciano de hacer una pausa a media mañana, entre las 9 y las 11, para compartir bocadillo, aceitunas, cacahuetes y conversación. Para muchos valencianos es casi sagrado.
au cacau
EXPRESIÓN · DESPEDIDA
Expresión muy valenciana para despedirse o dar por terminada una conversación de forma informal y simpática. Equivale a "venga, hasta luego" o "pues ya estaría". Tiene un tono cercano y desenfadado que lo dice todo.
a la marcheta
EXPRESIÓN · FILOSOFÍA MEDITERRÁNEA
Poco a poco, sin prisas, a tu ritmo. "Ves fent-ho a la marcheta": hazlo con calma, ya irá saliendo. Refleja perfectamente esa filosofía mediterránea de no vivir siempre acelerado.
chopar
VERBO
Mojarse, empaparse. "Me he chopat sencer": me he empapado entero. Puede ser por la lluvia, por el mar o por cualquier agua que se cruce en tu camino.
tindre molta barra
VERBO
Tener mucha cara, mucho descaro. Lo escucharás con frecuencia y siempre con una sonrisa de por medio.
ché
INTERJECCIÓN · COMODÍN EMOCIONAL
Probablemente la palabra más emblemática de Valencia. Sirve para expresar sorpresa, alegría, enfado, admiración o simplemente llamar la atención. "Ché, qué calor fa!": una palabra comodín que los valencianos usan para casi cualquier emoción y que forma parte inseparable de su identidad.
Expresión de tranquilidad ante la adversidad. Equivale a "no puede ser tan malo" o "qué más dará". La filosofía gallega ante los problemas.
Supongo que eso es emigrar.
Ir dejando partes tuyas repartidas en distintas ciudades.
Que algunas te enseñen a resistir.
Y que otras, finalmente, te enseñen a quedarte.
Fotografío lo que se siente antes de que desaparezca. Viajo para comprender. Escribo porque algunas cosas no caben en una foto.


