Viajar para volver a mí
Descripción de la publicación
8/21/20265 min leer
Viajar para volver a mí
── A L E G U I L L E R M O ──
No recuerdo el momento exacto en el que empezó a gustarme viajar. Creo que, simplemente, siempre estuvo dentro de mí.
Desde pequeña sentía una fascinación especial por descubrir lugares y fotografiar todo lo que veía. Mi papá me compraba cámaras digitales de pequeña y yo iba con ellas a todas partes, intentando capturar el mundo a mi manera. Recuerdo que las primeras fotos eran horribles; desenfocadas, con malos ángulos, sin ningún sentido. Pero yo era una niña y eso no importaba. Lo importante era que ya existía en mí esa necesidad de guardar los momentos, de que algo de lo que estaba viviendo permaneciera conmigo para siempre.
Con los años, aquella curiosidad se convirtió en una parte muy importante de quien soy.
─ La cámara como forma de estar
Hoy puedo pasar muchísimo tiempo buscando la luz adecuada, el mejor encuadre o ese pequeño detalle que transmite la esencia de un lugar. Soy muy perfeccionista con las fotos porque no quiero guardar únicamente una imagen bonita, quiero capturar lo que sentí al estar allí.
Aunque hay algo irónico en todo esto. Me encanta hacer fotos, pero muchas veces me cuesta volver a verlas. Cuando ha pasado el tiempo, despiertan en mí una nostalgia muy profunda. Me recuerdan no solo el lugar, sino también quién era yo en ese momento y una versión de mi vida que ya no existe de la misma manera.
Quizás por eso la fotografía tiene para mí un doble significado. Me permite conservar los momentos y al mismo tiempo me recuerda que ningún momento puede conservarse del todo.
"No quiero guardar únicamente una imagen bonita. Quiero capturar lo que sentí al estar allí."
─ El sueño de conocer el mundo
Durante mi infancia, viajar era algo que compartía con mi familia. Casi todos los años, mi papá organizaba algún viaje y gracias a él, tuve la enorme suerte de visitar Disney muchas veces y de conocer distintos lugares de Estados Unidos, como Nueva York, Miami, Washington o Las Vegas.
Cada viaje era una aventura. Durante mucho tiempo tuve a Estados Unidos en un pedestal, todo me parecía enorme, emocionante e impresionante. Con los años, mi percepción del país cambió, como cambian tantas cosas cuando crecemos y aprendemos a mirar el mundo con otros ojos, pero aquella fascinación fue seguramente una de las primeras semillas de mi deseo de viajar.
Al llegar a la adolescencia, esa curiosidad se hizo todavía más grande. Podía pasar horas buscando cuáles eran las ciudades más bonitas de Europa y soñando con conocerlas algún día. Veía fotografías de Praga, de Suiza y de tantos otros lugares que parecían demasiado lejanos para mi realidad de entonces. Los contemplaba desde una pantalla y pensaba: algún día quiero estar allí.
Ese «algún día» comenzó a hacerse realidad en 2020, cuando me mudé a España para estudiar un máster en Vigo. Y sin saberlo, aquel viaje no solo me llevó a otro país, sino también abrió una etapa completamente nueva de mi vida.
─ Una nueva forma de viajar
Viajar con la familia, sola, con amigas o en pareja son experiencias completamente distintas. Ninguna es mejor que otra. Cada una permite descubrir una versión diferente del lugar y también una versión diferente de nosotros mismos.
Desde que llegué a España he tenido la oportunidad de conocer muchísimos sitios. He conocido ciudades grandes, lugares icónicos y rincones que llevaba años imaginando. Pero también descubrí una de mis actividades favoritas en el mundo.
pueblear
Conducir sin prisa, contemplar cómo cambia el paisaje y llegar a un lugar pequeño que parece detenido en el tiempo.
Caminar entre casas de piedra, encontrar calles silenciosas, descubrir plazas escondidas y preguntarse cuántas vidas habrán pasado por allí antes que la tuya.
🏰 Pueblos medievales que conservan su historia
🪨 Casas de piedra y calles silenciosas
⛪Iglesias y plazas escondidas
🌿Paisajes que cambian a cada curva
── Mi actividad favorita ──












── Lo que he ido encontrando
Por el camino
─ Desconectar para conectar
Para mí, viajar es una forma de recargar el alma. Y cuando hablo de viajar, no me refiero únicamente a subir a un avión o cruzar un océano. A veces basta con coger un tren, subir a un autobús o conducir hasta algún lugar cercano que todavía no conozco. No necesito irme demasiado lejos para sentirlo. Solo necesito cambiar de paisaje.
De hecho, una de mis mayores pasiones son los road trips. Me encanta la sensación de salir a la carretera, contemplar cómo cambia el paisaje y saber que incluso antes de llegar al destino, el viaje ya ha comenzado. Disfruto muchísimo preparando escapadas, recorriendo pueblos y deteniéndome en lugares inesperados que quizá nunca habría conocido de otra manera.
En los últimos dos años también he descubierto una conexión mucho más profunda con la naturaleza a través del senderismo. Poco a poco, mis planes de fin de semana fueron cambiando: las noches de fiesta dejaron paso a los road trips, las escapadas y las rutas entre montañas, bosques y paisajes naturales.
Caminar en plena naturaleza me ayuda a volver a mí. Siento que, cuando me alejo del ruido y me rodeo de silencio, puedo reflexionar, ordenar mis pensamientos y observar mi vida con mayor claridad. Es una forma de meditar en movimiento y para mí, funciona casi como un antidepresivo natural porque me calma, me despeja y me recuerda todo lo que existe más allá de mis preocupaciones.
Cuando estoy desmotivada, preocupada o atravesando una etapa complicada, descubrir un lugar nuevo consigue despertar algo dentro de mí. Viajar me permite desconectar de lo cotidiano, pero también conectar de una forma mucho más profunda con el lugar, con las personas que me acompañan y conmigo misma.
Quizás eso es lo que más amo de viajar: la forma en la que consigue recordarme que la vida es mucho más amplia que cualquier etapa difícil.
─ El mundo también te enseña a mirar
Viajar no solo me ha permitido conocer lugares. También me ha ayudado a abrir la mente. Cuando llegas a otro país comprendes que tu manera de vivir no es la única. Descubres otras costumbres, otros ritmos, otras formas de entender la vida. Aprendes a observar antes de juzgar.
Viajar despierta la curiosidad, pero también la empatía. Te obliga a salir de lo conocido, a adaptarte, a aceptar que no siempre vas a comprenderlo todo. Y todo eso te transforma.
Cuantos más lugares conozco, más lugares quiero conocer. A veces incluso me agobia pensar que una sola vida quizá no sea suficiente. El mundo es demasiado grande, demasiado diverso, demasiado interesante. Pero qué suerte sentir tanta curiosidad por estar viva.
── Las tres cosas que más feliz me hacen ──
Si tuviera que elegir tres
No para guardar una imagen bonita. Para capturar lo que sentí al estar allí. Para que algo de ese momento permanezca.
Cambiar de paisaje, descubrir un lugar nuevo, dejarme sorprender. No necesito irme lejos, solo cambiar de perspectiva
La gastronomía de un sitio es otra forma de conocerlo. Un plato puede explicar su historia, su clima y sus tradiciones mejor que cualquier guía.
✈️
📷
Viajar
Fotografiar
🍽️
Comer
Cuando consigo juntar esas tres cosas: descubrir un lugar, fotografiarlo y sentarme después a comer algo delicioso, soy una de las personas más felices del planeta ❤️
Viajar nunca ha significado escapar de mi vida. Significa regresar a ella con más vida dentro.
Fotografío lo que se siente antes de que desaparezca. Viajo para comprender. Escribo porque algunas cosas no caben en una foto.


