Las despedidas que nadie llora
Descripción de la publicación
5/5/20263 min read
Las despedidas
que nadie llora
── A L E G U I L L E R M O ──
Estaba feliz. Muy feliz. Y aun así, había algo dentro de mí que también estaba triste.
No porque dudara. No porque no quisiera estar ahí, sino porque sin darme cuenta, estaba despidiéndome de otra versión de mí. De mi soltería. De esa libertad distinta. De esa etapa en la que mi vida tenía otra forma.
Y eso también dolía.
Ahí entendí algo que nadie te enseña: podemos sentir dos cosas opuestas al mismo tiempo. Y ambas pueden ser verdad.
Hay una parte de la vida adulta de la que casi no se habla. No es el gran duelo, el evidente, el que todos ven. Es el otro: el silencioso, el pequeño, el que se cuela entre decisiones correctas.
Los microduelos.
Porque crecer también es elegir. Y elegir, inevitablemente, es renunciar. Y aunque estemos felices con lo que elegimos, eso no significa que no duela lo que dejamos atrás. Nadie te habla de esto antes. Nadie te dice que el progreso también tiene su duelo.
La vida está llena de
estas paradojas
── LAS CONTRADICCIONES DE VIVIR
Te mudas a la ciudad de tus sueños… → y extrañas la anterior.
Te enamoras… → y sueltas una versión de ti que ya no vuelve.
Avanzas… → y dejas atrás personas que un día fueron todo.
Eliges lo correcto… → y aun así duele lo que no elegiste.
─ Las amistades que se transforman
A veces lo noto cuando veo recuerdos. Fotos de hace uno, dos, tres años. Personas que en ese momento eran imprescindibles… y que hoy ya no están. Y no pasó nada "grave". Simplemente, la vida pasó. Cada quien siguió su camino. Cada quien cambió.
Me pasó en Vigo. Éramos tres y hoy seguimos siendo amigas, sí… pero ya no somos lo mismo. La dinámica cambió. La vida cambió. Nosotras cambiamos.
Y aunque haya cariño, aunque haya historia… hay algo que ya no existe. Y eso también merece ser llorado. El duelo de las amistades que se transforman. El de los grupos que ya no vuelven a ser lo que eran. El de los planes que tuvieron una última vez… sin que lo supiéramos.
"Vivimos acumulando despedidas invisibles. Pequeñas. Cotidianas. Silenciosas. Y muchas veces no nos damos el permiso de sentirlas porque 'no son para tanto'."
Perder no solo a una persona,
sino a todo lo que venía con ella.
── LO QUE NADIE MENCIONA──
Yo tuve una relación muy bonita con la madre de mi expareja. Era alguien a quien quería de verdad y cuando la relación terminó, ese vínculo también desapareció. De golpe. Sin transición. La familia que te acogió. Los domingos que compartiste. El calor de una casa que ya no es tuya. Eso también es un duelo y también merece un nombre.
Creo que vivimos acumulando despedidas invisibles y muchas veces no nos damos el permiso de sentirlas porque "no son para tanto". Pero sí lo son, porque no es debilidad, no es nostalgia innecesaria, no es falta de gratitud por lo que tienes hoy.
Es amor. Todo el amor que sí existió. Todo lo que fue importante. Todo lo que, de alguna forma, te construyó.
Aprender a vivir también es aprender a despedirse, pero no desde el drama, sino desde el respeto. Hacerle espacio a lo que dolió. Honrar lo que fue. Aceptar que no todo está hecho para quedarse.
Y entender que la ambivalencia no es un problema, es una señal de que estás viviendo de verdad. Que puedes amar lo que tienes… y al mismo tiempo sentir ternura por lo que ya no está.
Yo sigo aprendiendo a despedirme.
Y cada vez que lo hago, entiendo
que no es debilidad.
Es que amé de verdad.
Fotografío lo que se siente antes de que desaparezca. Viajo para comprender. Escribo porque algunas cosas no caben en una foto.


