Crecer también duele (y nadie te lo dice)
Crecer también duele.
Y nadie te lo dice.
── A L E G U I L L E R M O ──
Crecer también duele. Y nadie te prepara para eso.
A mí nunca me faltó nada. Crecí en una familia que me lo dio todo, en la que siempre me sentí cuidada, protegida, querida. Soy consciente del privilegio que eso significa y vivo profundamente agradecida por ello.
Pero crecer… no siempre tiene que ver con lo que te faltó. A veces duele precisamente por todo lo que tuviste. Porque un día te das cuenta de que ya no estás ahí.
─ El salto sin red
Yo no tuve una transición suave. No hubo un punto intermedio, un proceso progresivo. No me fui a vivir sola en la misma ciudad, no hice un Erasmus, no probé "un poco" la independencia.
Yo me fui. De país. De casa. De todo lo que conocía.
Y ese salto fue tan grande, tan brusco, que en ese momento ni siquiera era consciente de lo que significaba realmente crecer.
Hoy, con 27 años, todavía siento que no termino de aceptarlo del todo. Crecer. Hacerme mayor. Hacerme responsable de mi vida. Hay algo en eso que todavía me pesa.
"Cuando somos pequeños soñamos con ser adultos. Creemos que crecer es libertad. Pero nadie te habla del otro lado."


Nadie te dice que crecer también es…
El otro lado de crecer
── LO QUE NADIE TE CUENTA
0 1 Tomar decisiones que duelen
0 2 Sostenerte cuando no hay nadie más
0 3 Hacerte cargo de tus heridas
0 4 Perder versiones de ti misma
0 5 Aceptar que hay cosas que no vuelven
Nadie te habla de la responsabilidad emocional que implica existir siendo adulto.
Y además, estamos creciendo en un mundo que no es fácil. Un mundo rápido, exigente, caótico. Un mundo que constantemente te empuja a hacer más, ser más, lograr más.
Estamos colapsados.
Y está bien decirlo.
── NUESTRA GENERACIÓN
Queremos hacerlo bien en todo. Trabajo, relaciones, salud, crecimiento personal, estabilidad emocional… Y la realidad es que a veces no podemos con todo. Y está bien. Por eso nuestra generación vive con tanta ansiedad, con tanto estrés, con tanta frustración.
P R O D U C T I V I D A D
M E T A S
R E S U L T A D O S
MÁS. MÁS. MÁS.
─ Las despedidas constantes
Para mí, crecer también duele porque implica despedidas constantes. De etapas. De personas. De versiones de mí que ya no existen.
Personas que pensé que se quedarían para siempre… y no lo hicieron. Momentos que no supe que eran finales… hasta que ya habían pasado.
La vida a veces no avisa. La vida te sacude. Te da una bofetada y te dice: "abre los ojos".
También duele porque crecer es mirarte de frente. Es hacerte cargo de tus heridas, de tus patrones, de lo que te duele. Es aceptar que no todo fue perfecto. Que hay cosas que tienes que sanar tú. Y eso… pesa.
A veces siento que vivo muchas vidas en un solo año. Empiezo siendo una persona y termino siendo otra completamente distinta. Y aunque eso es crecimiento, aunque eso es evolución… también cansa.
Por eso a veces me quedo en el pasado. Me vuelvo nostálgica. Recuerdo quién fui, lo que sentí, lo que tenía. Y durante mucho tiempo pensé que eso estaba mal. Pero hoy creo que no. Creo que es completamente normal y humano.
Porque la vida va demasiado rápido y no siempre nos damos el tiempo de procesarla, de hacer pausas, de entender lo que estamos viviendo e integrar los cambios. Y sin esos espacios… todo pesa más.
Creo que nadie nos da un manual para esto. Nadie te enseña cómo crecer, cómo atravesar los veinte, cómo lidiar con el amor, el trabajo, la soledad, la salud mental, las decisiones… todo al mismo tiempo.
Y aun así… lo estamos haciendo. Como podemos. Con lo que tenemos.
Yo sigo aprendiendo a aceptar el cambio. A soltar más rápido. A confiar en que cada versión de mí tenía sentido en su momento. Y que dejarla ir… también forma parte del proceso.
Fotografío lo que se siente antes de que desaparezca. Viajo para comprender. Escribo porque algunas cosas no caben en una foto.
Ale Guillermo


